Historias motivacionales - El maestro zen ...
Una
vez, en una aldea de un país asiático, se sacudió la tranquila
vida de los pobladores: la hija adolescente de un vecino estaba embarazada de
varios meses. La joven había ocultado su estado, utilizando ropaje muy
amplio y escurriéndose de la mirada de sus padres. Pero ahora se había
descubierto el secreto y sus progenitores la interpelaron severamente para que
divulgara quién era el padre del futuro bebé.
La sorpresa y la conmoción fueron mayúsculas cuando la joven dio el nombre: "Es el Maestro Zen", dijo.
El Maestro Zen era un monje budista que vivía arriba, en la ladera de la montaña, dedicado a la meditación.
¿Cómo era posible? ¡Era una vergüenza que, precisamente, un monje budista fuera el autor de tamaño escándalo! ¿Qué ejemplo estaba dando a la gente?
Los aldeanos estaban muy furiosos e indignados ante tal novedad; inmediatamente se formó un grupo de personas que se encaminaron hacia el lugar donde habitaba el monje Zen.
Ni bien llegaron, encontraron al Maestro en plena oración y sin mediar preámbulos le espetaron todo tipo de insultos, echándole en cara su detestable actitud, y además, le hicieron responsable de la alimentación y cuidado de la criatura.
El Maestro Zen, escuchó pacientemente la andanada de palabras, y al final dijo simplemente:
"Muy bien, muy bien".
Pasaron algunos meses, y luego de nacido el bebé, la joven madre no pudo soportar los remordimientos de conciencia.
Terminó entonces, confesándole a sus padres que el progenitor de la criatura era un joven aldeano con quien se veía furtivamente.
Nuevamente subió la comitiva a la casa del Maestro Zen y de nuevo lo encontraron haciendo su oración.
Luego de escuchar pacientemente largas explicaciones y pedidos de disculpas,
el Maestro Zen al final dijo simplemente:
"Muy bien, muy bien".
¡El hombre despierto! Quien está seguro de sí mismo y sabe lo que hace, no teme a la mentira ni al engaño. Continúa su camino, rectamente, constantemente, sin detenerse jamás.
El hombre seguro de sí mismo siempre tiene pensamientos positivos, siempre está dispuesto a ayudar, siempre busca superarse y lograr nuevas metas.
Entonces, es una guía para los demás, es un ejemplo a imitar, es un punto de referencia para los más jóvenes; es como un faro en la oscuridad.
Procura tener siempre buenos pensamientos y buenos sentimientos. Arroja siempre un puñado de trigo en tu alma y en el alma de los demás. Entonces recogerás lo que sembraste: amor, afecto, respeto, prosperidad económica, éxito personal.
© 2008 Jesús Rodríguez - Todos los derechos reservados